En un sector cada vez más orientado al precio, Ono ha sabido hacerse un hueco explorando el lado humano de las telecomunicaciones y desarrollando una estética más cercana al mundo del entretenimiento. En 2004, el operador de cable decide revisar su identidad visual para adecuarla a un discurso de marca más sofisticado y adulto, reflejo en suma de una compañía más madura. Un proyecto que se inicia en Londres, en el estudio de nuestros colegas y amigos Venture Three y en el que fuimos invitados a participar. Dos años más tarde retomamos el proyecto, desarrollando una versión plana del logotipo para poder así solucionar cualquier necesidad de uso.